Blog: El rey va desnudo

Hace dos semanas presenté un gráfico que sugería una correlación entre aumento de desempleo y disminución de la nupcialidad a nivel provincial. Hoy me ocupo de la tasa de natalidad. Entre 2007 y junio de 2011 disminuyó cerca de un 5% (de 10,94 a 10,45 nacidos por mil habitantes).  Pero en algunas provincias ese descenso ha sido mucho más acusado. Por ejemplo, en Tenerife es del 14,1%. En otras provincias la tasa de natalidad ha aumentado. En Cuenca, por ejemplo, lo hace en un 8%,

 

Subo un gráfico que relaciona el aumento del desempleo (entre el primer trimestre de 2007 y el primero de 2010) y la disminución de la tasa de natalidad. La recta ajusta bastante bien (R2=0,57). La tasa bruta de natalidad ha disminuido en las provincias donde más ha aumentado el desempleo (como Tenerife, Murcia, o Alicante), y en cambio, aumenta en provincias donde el desempleo se ha incrementado menos (como Albacete, Cuenca, Gipuzkoa, Araba o Lugo). Aunque no resulta nada fácil reconstruir los mecanismos que podrían subyacer en una posible relación  de causalidad, se adivinan algunas posibilidades. El aumento del desempleo representa un factor de incertidumbre, que desanima compromisos a largo plazo. La decisión de tener un hijo entraña un compromiso de esta clase, y conlleva inversiones que resulta difícil plantearse en un entorno de incertidumbre económica y laboral. La desaparición de dispositivos de apoyo público a las familias que deciden tener un hijo (como el llamado cheque bebe) acentúa los desincentivos para tener hijos.

Ayer estuve en TV3, en la Marató contra la pobreza. Si os interesa, aquí tenéis mi intervención (a partir del minuto 18), centrada en las repercusiones individuales y sociales de la pobreza infantil. La Marató recaudó 4 millones de euros. Seguí algo el programa en televisión a lo largo del día. En mi opinión mantuvo un buen tono y fue generalmente entretenido. Se realizaron excelentes entrevistas, precedidas generalmente de mini-reportajes que abordaban bastante acertadamente problemáticas asociadas a la pobreza. Me consta que los equipos de la TV3 buscaron afanosamente asesoramiento experto, y reclutaron para sus entrevistas a algunos de los principales especialistas académicos en diversas dimensiones de la pobreza, la privación y la exclusión social. Entre las intervenciones que pude seguir, destacaría las de Laia Pineda (Fundació Jaume Bofill), Joan Benach (UPF), Carme Trilla (Caritas) o Albert Sales (UPF). Antoni Basas y Agnes Marquès hicieron buen trabajo en las entrevistas y no tengo más que elogios para los profesionales de la TV3 con que he mantenido contacto en las últimas semanas.

 

La noticia sobre la cantidad recaudada fue motivo de celebración entusiasta al final de la noche, a pesar de que la pobreza aparentemente ha conmovido a los donantes catalanes mucho menos que las enfermedades tratadas en las Maratones celebradas en los últimos años (dedicadas a transplantes de órganos, lesiones medulares y cerebrales, enfermedades minoritarias, etc), donde se recaudó el doble. Es posible que, como me anticiparon, las fechas o el puente situaran la Marató extraordinaria contra la pobreza en condiciones poco propicias para alcanzar mayor recaudación. Habitualmente la Marató tiene lugar en diciembre, antes de navidades, cuando al parecer es más fácil que se ablande el corazón de los telespectadores.

 

Durante las últimas semanas, la Marató se presentaba de forma bastante efectiva en un anuncio televisivo que llamaba a la solidaridad con un gran eslogan movilizador: “Que ningu quedi fora” . En el anuncio, cinco personas de diferentes edades y condiciones se enfrentaban a una especie de juego musical de sillas (cuatro sillas), mientras se recordaba que uno de cada cinco catalanes se encuentra en situación de pobreza. El juego se resolvía de manera solidaria. Las cinco personas se apretujaban en las cuatro sillas disponibles “para que nadie quedara fuera”.

 

Sirva la metáfora, pues, para reflexionar sobre la Marató desde un punto de vista crítico. La Marató se enfrentó, ya desde días previos  a la denuncia de que el tratamiento y estrategia de abordar el problema en televisión avalaba una aproximación conservadora a la pobreza, que descuidaba los orígenes de la pobreza y jaleaba la caridad como solución (ver el contra-anuncio). A mi juicio, el programa afrontó valientemente este tipo de críticas, les ofreció espacio para expresarse (Joan Benach y Arcadi Oliveras fueron bastante explícitos al respecto), e incluso encontró cierta complicidad en los conductores del programa y alguna conexión externa. Las críticas son pertinentes (yo me sumo a su espíritu) pero olvidan que el programa podía cumplir una función necesaria para lograr “solidaridad colectiva”  (en lugar de caridad): la de concienciar sobre la importancia del tema. Uno de los principales obstáculos para que un problema social, como la pobreza, entre en la agenda pública es su invisibilidad social. La pobreza en Cataluña y en España tiene un carácter fuertemente estructural. Hemos tenido tasas insólitamente altas de pobreza durante los años de expansión económica, y el problema se estuvo ignorando.  El problema existía, pero el foco se situaba en otra parte. Se intuía que había pobres, pero no emergían como una prioridad mediatica ni política. Quizás por ello, los indicadores de pobreza relativa nos indicaban sistemáticamente que había un 19% de personas viviendo bajo el umbral de la pobreza, pero sólo un 3% de los españoles consultados por ISSP en 2002 se veían a sí mismo como pobres, y sólo un 8% reconocía que en su barrio vivían personas pobres.

 

En mi opinión, programas como la Marató pueden contribuir a “problematizar” el fenómeno de la pobreza, condición sine qua non para que llegué a preocupar socialmente, interesar a agentes sociales y políticos, y pueda forzar así la acción pública. Creo que no se debe desaprovechar la ventana de oportunidad que nos ofrece la crisis para catapultar el tema a la agenda pública, aunque sea a través de aproximaciones tan discutibles como la de la Marató. Gracias a la Marató estamos debatiendo sobre pobreza, y probablemente sigamos haciéndolo, desde posturas encontradas. A partir de aquí, es importante que el tema no vuelva a salir de esa agenda. Es la mejor baza para que finalmente puedan crearse coaliciones sociales y políticas amplias que pueden impulsar  políticas públicas que aborden rigurosamente la cuestión. Como decía Ralf Emanuel, actual alcalde de Chicago y anterior Chief of Staff de la administración Obama decía acertadamente: "Nunca desaproveches una buena crisis". 

 

En mi opinión, la Marató pecó fundamentalmente de otra cosa: triunfalismo (como, por otra parte no puede ser de otra manera en un espectáculo televisivo que intenta movilizar a la gente). No nos engañemos, cuatro millones de euros es una cantidad insignificante en el contexto de necesidades existentes. La prevalencia de la pobreza se ha incrementado notablemente, y la intensidad de la privación de quienes ya eran pobres ha aumentado todavía más (pueden consultarse algunos detalles, centrados en pobreza infantil, aquí). Frente a este nuevo escenario, los presupuestos públicos dedican una cantidad decreciente de recursos a combatir la pobreza infantil y sus consecuencias. Siempre ha habido  más personas que sillas. Pero ahora algunas sillas han sido retiradas por el gobierno, acuciado ciertamente  por el déficil público, pero muy miope (y algo cruel) en la elección de partidas presupuestarias a recortar.

 

En una recreación de las consecuencias de la pobreza, representada con una pequeña figura de trapo sobre el plató de TV3, una profesora de Trabajo Social presentaba la integración social como una tela de araña a la que las personas se mantienen sujetas por hilos: el empleo, la vivienda, la salud y la familia. Si estos hilos desaparecen (a causa del paro, dificultades para pagar la vivienda, la enfermedad o desestructuración familias) las personas “caen” (Antoni Basas iba cortando los hilos que sujetaban al muñeco de trapo a una telaraña, provocando finalmente su caída). Pero en su caída el muñeco no cae al suelo (se abre el plano televisivo para mostrar que ha caído en una red. La red estaba ahí para representar el trabajo de las entidades sociales que aseguran a las personas más vulnerables mínimos de bienestar y calidad de vida.

 

La imagen ofrecida en esta recreación induce una comprensión inadecuada de cómo funciona el colchón de seguridad. No cabe duda que las entidades realizan una labor encomiable para rescatar a las personas que “caen”. Pero su labor no deja de ser subsidiaria. El principal mecanismo de rescate son, en las sociedades europeas, las políticas públicas de bienestar. En ello consiste el Modelo Social Europeo, en contraste con otros modelos más inhóspitos, como el liberal característico de Estados Unidos, o los modelos vigentes en la mayoría de los países donde el Estado de bienestar no ha llegado a desarrollarse (América Latina, Asia o África).

 

Incluso en un contexto de recortes generalizados, el Estado sigue siendo mucho más importante en la vida de las personas pobres (a través de transferencias y servicios) que el tejido social que les ofrece apoyo y acompañamiento. Es más, es esencial recordar que las entidades sociales se financian de manera muy importante con subvenciones públicas.La Marató de TV3 puede ser una pequeña ayuda en condiciones de restricción presupuestaria y necesidades crecientes, pero buena parte del tejido social existente no sería sostenible sin mecanismos estables de financiación pública. Sin ellos, buena parte de ese tejido social probablemente no habría aparecido, y en todo caso, sería mucho menos efectivo. Es decir, la acción pública, dotada adecuadamente, es imprescindible para asegurar la protección social, y para favorecer el desarrollo de iniciativas de la sociedad civil.

 

Cuatro millones de euros son una miseria. Es el equivalente a lo que le cuesta a la TV3 la retransmisión del campeonato de la Fórmula 1 cada año. Son 26 millones menos que lo que TV3 paga a Mediapro por la retransmisión de partidos de fútbol de la Liga. Es mucho menos dinero que lo que ha dejado de recaudar el gobierno de la Generalitat suprimiendo el impuesto de sucesiones. Son aproximadamente 6.000 millones menos que lo que ha renunciado a recaudar el Estado español tras reintroducir la deducción por compra de vivienda (una medida que beneficia fundamentalmente a bancos y a ciudadanos con hipotecas muy elevadas)

 

Es también una cantidad irrisoria si se compara con la magnitud de los recortes sociales que inciden directa e indirectamente en las tasa de pobreza en nuestro país. En la Marató de TV3 se denunció la situación económica en la que se encuentran muchos hogares con niños. Fantástico. Es importante recordar, sin embargo, que las políticas de apoyo a las familias con niños han sido objeto de recortes especialmente duros (mucho mayores que los recortes que afectan a políticas sociales destinadas a grupos de edad más avanzada, como las prestaciones por desempleo o las pensiones). El gobierno del Estado suprimió el llamado cheque bebé, que procuraba 2.500 euros a todas las familias que tenían un hijo. Según cálculos que hemos realizado con la Encuestade Condiciones de Vida, la supresión de esta ayuda, representa un aumento de seis puntos porcentuales en la tasa de pobreza de las familias con niños de 0 a 1 año. El gobierno de la Generalitat suprimió poco después las prestaciones universales para familias con niños de 0 a 2 años salvo para grupos de rentas muy bajas, lo que sumirá en la pobreza aproximadamente a un 1% adicional de familias con niños de estas edades (de acuerdo a nuestras estimaciones preliminares). La Generalitat sigue sin dotar presupuestariamente un fondo de garantía previsto en la Llei de Famílies de 2006 para sufragar impagos en pensiones alimenticias constatados judicialmente tras un divorcio, que ayudaría a prevenir riesgos de pobreza en hogares monoparentales.

 

Junto a estos recortes que inciden directamente sobre el bienestar infantil, se han planteado otros que lo hacen de manera algo más indirecta. Los niños son objeto de especial ensañamiento en el desmantelamiento del Plan Educa 3 por parte del gobierno de Rajoy, que promovía el desarrollo de una red de guarderías públicas en todo el Estado. En ese sentido, en los presupuestos de 2012, la Generalitat también ha aplicado las tijeras sobre las guarderías (los recursos públicos se reducen en un 20%). Se trata de políticas de austeridad especialmente lesivas para los niños pobres, que constituye el colectivo que más puede beneficiarse de la educación infantil, ya que estos centros pueden corregir déficits cognitivos que aparecen ya en las los primeros años de vida y lastran el progreso educativo posterior. A todo ello hay que añadir otros recortes en educación pública del ministro Wert.

 

Los niños son también víctimas de las políticas de austeridad en iniciativas y prestaciones que benefician a sus padres.La Generalitat ha paralizado las mejoras previstas en algunos barrios degradados, ha reducido servicios en la sanidad (con el cierre de quirófanos y urgencias), ha recortado sustancialmente las rentas mínimas de inserción ( 420 euros para personas y familias sin recursos) y ha congelado prestaciones que benefician a nuevas familias (como las ayudas al alquiler).

 

Por tanto,  la administración pública ha retirado sillas,  ya sea por obligación o por devoción (ideológica), y esas sillas no van a ser reemplazas por la iniciativa social, por grande y encomiable que sea su grado de compromiso, o efectivas sean sus llamadas a la solidaridad individual. Cualquier idea en sentido contrario, es llamar a engaño.

Hace dos días fui invitado al programa Para Todos la 2, de TVE, para hablar de bodas y matrimonios. El programa abordó el fenómeno desde diferentes ángulos: histórico (estaba presente el catedrático de historia Francisco Chacón), sociológico y comercial (había representantes de Pronovias, de e-comerce Bodaclick y del Instituto de Cosmética Francis). He de reconocer que al principio no creí que el programa lograría conjugar orientaciones tan distintas, y a pesar de que tengo la impresión de que en ocasiones derivó excesivamente hacia lo comercial (deriva casi publicitaria), me fui con un buen regusto.

 

En mi papel sociológico de pitufo gruñón, me tocó quitarle todo el romanticismo al matrimonio, poniendo el contrapunto a los discursos intencionadamente frívolos de los representantes de las casas comerciales presentes en el plató. Rompiendo un poco el clima almibarado que se había creado, hablé descarnadamente sobre pautas de comportamiento colectivo y tendencias demográficas. En los últimos tiempos, la más destacada es, desde mi punto de vista, la brusca caída de la tasa bruta  nupcialidad, hasta el 3,57 en el primer semestre de 2011. Esto nos sitúa en el furgón de cola de la nupcialidad en los países dela OCDE, muy lejos de la media  (5,0). La caída de la nupcialidad no es reciente. En 1970 la tasa de nupcialidad era de 7,32. Tras una caída importante en los setenta y ochenta se mantuvo relativamente estable, en torno a 5 matrimonios por mil habitantes hasta el año 2000. Después del 2000 empezó a caer de nuevo, caída que se ha acelerado desde 2007.

 

Es bastante probable que la crisis económica haya incidido en esa caída. En el Gráfico que adjunto se puede comprobar que las provincias españolas donde ha aumentado más el desempleo han visto disminuir más la nupcialidad, aunque la dispersión es notable (R2= 0,27). Es posible que las dificultades económicas nos ayuden a explicar también el descenso importante de matrimonios religiosos en la segunda mitad de la década. Los matrimonios civiles ya representan el 54%, cuando en 2005 eran el 39%.  Aunque detrás de este fenómeno hay, sin duda, cambios culturales relacionados con la secularización, no puede descartarse que las parejas estén optando por bodas más sencillas, sin la pompa y el boato que suele acompañar a una celebración religiosa (y por tanto, los costes en que se incurre en este tipo de ceremonias).

 

Pero al margen de las circunstancias coyunturales, hay que buscar causas más profundas. Entre ellas sobresale posiblemente el coste de acceso a la vivienda. Durante los años de expansión económica, el coste de una vivienda en propiedad para una pareja fue muy alto, lo que supone un bloqueo (o al menos una demora) para la decisión de casarse. Hay que señalar que España, según estimaciones realizadas en 2008 en una encuesta diseñada por Marga Marí-Klose, Julio Iglesias de Ussel y yo, el 72% de las parejas recientemente casadas viven un piso en propiedad. “Casado casa quiere”, pero además, en nuestro país, quiere hacerse propietario de ella. No sólo eso,  el piso de las parejas casadas suele ser un piso relativamente grande. Las evidencias de nuestro estudio ponían de manifiesto que las parejas casadas (a diferencia de las que cohabitan en una unión consensual) tienden a casarse cuando pueden permitirse adquirir “el piso”, esto es, aquél en el que esperan formar una familia y alojar, con cierta holgura, a los hijos que están por venir. Esta expectativa incrementa los costes e impone demoras al momento de casarse. En una sencilla regresión que planteamos en el libro, mostrabamos que el tamaño del piso en que viven las parejas jóvenes que conviven (menores de 40) depende, en gran medida, de si se han casado (en lugar de mantenerse en una unión consensual) y si han optado por comprar la vivienda (en lugar de alquilarla).  Evidentemente, en un contexto de restricción del crédito (al que recurren casi todos los jóvenes para adquirir la vivienda), el acceso a la propiedad se dificulta, y con ello, probablemente se demoren muchos matrimonios (si los contrayentes siguen empeñados, como ha ocurrido tradicionalmente, en convertirse en propietarios).

 

En el programa no tuvimos la ocasión de comentar otras tendencias de gran significación sociológica. Por ejemplo, las parejas en que uno de los miembros es extranjero constituyen ya el 23% (se han multiplicado por 4 desde 2000). La proporción de matrimonios formados por algún divorciado ya constituyen el 12% entre los varones, y el 10% entre las mujeres (se han incrementado desde el 5% en 2000). Los matrimonios homosexuales representan el 2,5% (su número se mantiene en un contexto de descenso de la nupcialidad). Es interesante remarcar que un número muy importante de estos matrimonios están formados por al menos un contrayente extranjero (cerca del 60%). Provincias costeras (como Las Palmas, Sta Cruz de Tenerife, Baleares, Alicante o Málaga), con un gran número de residentes extranjeros, tienen un número inusual de matrimonios entre personas del mismo sexo.

 

La familia, que muchas veces se presenta como una de las instituciones más duraderas y estables, está cambiando en España a una velocidad vertiginosa. Las transformaciones del matrimonio son, en este momento, la expresión más diáfana de esa revolución.

Hoy quisiera comenzar agradeciendo el apoyo que estamos recibiendo en esta página. Llevamos poco más de cuatro meses de funcionamiento y hemos llegado a un nivel de visitas diarias francamente inesperado. En los primeros dos meses no pasabamos de diez visitas diarias. Súbitamente en abril, incrementamos el número de visitas a algo más de 100 diarias, y creímos que habíamos alcanzado el techo. Hace dos días se produjo un hecho sorprendente. Tuvimos cerca de 1.000 visitas. No sabemos a qué atribuirlo, y nos pica la curiosidad. Supongo que algún medio (blog, página web, etc) con mucha mayor proyección que nosotros se ha hecho eco de algo que hemos publicado. Si habéis llegado a nuestro link así, os agradeceríamos que nos lo pudierais contar (en el apartado de comentarios, o simplemente escribiéndome un e-mail a pau@uchicago.edu).

 

La entrada de hoy entronca con varias anteriores que han planteado las implicaciones de la desigualdad. Acaban de salir dos artículos en el New York Times que abordan cuestiones que nos han interesado mucho en este blog. En el primero se glosa la figura de Edward Conard, multimillonario y uno de los principales donantes a  la campaña de Mitt Romney. Conard ofrece, con gran contundencia, argumentos a favor de la desigualdad económica como mecanismo que promueve la emprendeduría y la innovación, y de esta manera el crecimiento económico. A su juicio, ese crecimiento económico propiciado por los emprendedores revierte sobre la sociedad, que se beneficia de su formación, su creatividad y los sacrificios personales que implica entregarse al mundo empresarial. Ello justifica que deban ser incentivados con rentas muy elevadas, y por tanto, legitima la brecha que se abre entre éstos emprendedores y el resto de la sociedad:  “A small number of innovators and investors may have earned disproportionate billions as the I.T. industry grew, but they got that money by competing to constantly improve their products and simultaneously lower prices. Their work has helped everyone get a lot more value. Cheap, improved computing helps us do our jobs more effectively and, often, earn more money. Countless other industries (travel, telecom, entertainment) use that computing power to lower their prices and enhance their products. This generally makes life more efficient and helps the economy grow”.

 

Conard piensa que la desigualdad es la mejor forma de conseguir incentivar a personas talentosas a elegir carreras profesionales que producen retornos económicos que nos benefician a todos, en lugar de desperdiciar sus capacidades en actividades profesionales menores, que satisfacen únicamente aspiraciones individuales a la auto-realización: "Society benefits if the successful risk takers get a lot of money. For proof, he looks to the market. At a nearby table we saw three young people with plaid shirts and floppy hair. For all we know, they may have been plotting the next generation’s Twitter, but Conard felt sure they were merely lounging on the sidelines. “What are they doing, sitting here, having a coffee at 2:30?” he asked. “I’m sure those guys are college-educated.” Conard, who occasionally flashed a mean streak during our talks, started calling the group “art-history majors,” his derisive term for pretty much anyone who was lucky enough to be born with the talent and opportunity to join the risk-taking, innovation-hunting mechanism but who chose instead a less competitive life. In Conard’s mind, this includes, surprisingly, people like lawyers, who opt for stable professions that don’t maximize their wealth-creating potential. He said the only way to persuade these “art-history majors” to join the fiercely competitive economic mechanism is to tempt them with extraordinary payoffs”.

 

La lectura de este tipo de argumentos evoca enseguida las tesis clásicas de Daniel Bell en The Cultural Contradictions of Capitalism. Conard encuentra en la desigualdad un mecanismo muy útil para resolver las contradicciones entre una ética del trabajo y la responsabilidad que se encuentra en el origen del capitalismo y promueve el crecimiento económico (vease las tesis de Weber) y el afianzamiento de nuevas tendencias culturales a la auto-gratificación, incompatibles con las lógicas anteriores (véase, en esta línea, este artículo). También es evidente que ignora las consecuencias más indeseables de la desigualdad, que pueden inhibir el crecimiento económico. Conard vincula desigualdad a incentivos a la innovación, pero descuida las oportunidades que surgen para que las personas más adineradas y poderosas utilicen  las posiciones de privilegio que han alcanzado para manipular los procesos políticos en su beneficio, y distorsionar los mecanismos de asignación del mercado (influyendo sobre procesos de regulación por medios poco lícitos, como información privilegiada, enchufes, financiación polítca o directamente sobornos). La desigualdad también puede permitir a los grupos más adinerados bloquear la innovación si esta amenaza sus posiciones, desincentivando así la actividad de posibles “innovadores” que carecen de conexiones y recursos.

 

El segundo artículo, de Paul Krugman, apunta en una dirección diferente. Según Krugman, las desigualdades producen polarización y crispación política, lo que inhibe la adopción de las políticas públicas idóneas con el mínimo pero necesario consenso político y científico. Desde este punto de vista, la desigualdad conduce a la ineficiencia económica , como sugieren también otros economistas. La novedad es el mecanismo que propone Krugman: el efecto de la desigualdad sobre la polarización política, y el de ésta sobre la calidad de la gestión gubernamental de la economía. La polarización política fomenta la “confusión intelectual”. Esta confusión la producen visiones y diagnósticos interesados de la realidad económica (finanaciados por los grupos privilegiados a través de creadores de opinión pública,  think tanks e instancias académicas dispuestas a dejarse sobornar). Su principal efecto es impidir la generación de consensos amplios sobre las acciones gubernamentales a adoptar, y condenar así a una parálisis improductiva.

 

¿Tiene razón Krugman? Es difícil saberlo. Su interpretación parece plausible para explicar lo que sucede en Estados Unidos, pero obviamente lo suyo no es un artículo científico, y la evidencia que aporta no permite darle la razón sin más. Como hemos discutido aquí, la desigualdad incrementa las tensiones sociales y éstas pueden desviar a los gobiernos de propósitos de reforma económica. Pero eso no significa necesariamente que los partidos políticos vehiculen los intereses contrapuestos y se polaricen. Es perfectamente posible que los partidos de izquierda no logren o quieran representar las sensibilidades agraviadas y grupos amplios de la población lleguen a la conclusión que los partidos “no los representan” (os suena ¿no?). Tampoco es obvio que los partidos de derecha puedan permitirse representar exclusivamente a los grupos más privilegiados (como Krugman sugiere que hace el partido Republicano) y de este modo, aspirar a  ganar elecciones. Es dudoso que la polarización política conduzca necesariamente a la parálisis política. Quizás pueda suceder todo lo contrario si el gobierno cuenta con la determinación y el apoyo suficiente para llevar a cabo sus preferencias políticas contra los intereses de la oposición. La idea de que un consenso social o académico amplio es necesario para adoptar políticas no es nada obvia. Es posible legislar contra los intereses de buena parte de la población y sobrevivir políticamente (como demostró Thatcher, o más cerca de nosotros, Esperanza Aguirre), y contra las recomendaciones académicas mayoritarias (como acaba de demostrar Cristina Kirchner con la expropiación de YPF, o como hace el gobierno del PP restituyendo la desgravación por vivienda en el IRPF).

 

La conexión entre desigualdad, calidad del gobierno y crecimiento económico plantea cuestiones empíricas que se han analizado limitadamente. Creo que merecen mucha mayor atención que la que reciben. Volviendo al primer párrafo,  quiero aprovechar la audiencia tan numerosa que aparentemente tenemos en los últimos días parra animar a los estudiantes de sociología y economía que nos seguís (que me consta que existen) a analizar estos temas. Si queréis hacerlo con nosotros (en los programas de máster o doctorado en que participamos) no dudéis en entrar en contacto. Estaremos encantados en apoyaros en este tipo de investigación.

Un volumen ingente de literatura ha indicado que existe una correlación entre estar desempleado y consumir substancias adictivas (sobre todo tabaco).  Esta correlación ha sido detectada parcialmente en nuestro país, por ejemplo en el Informe de la Inclusión en España 2009, donde se observó la asociación entre desempleo y tabaco entre la población de varones de 35 a 64 años, en modelos que controlan otros factores intervinientes (los datos procedían de la Encuesta Nacional de Salud 2006). No se observó, en cambio, ninguna asociación entre desempleo y consumo de alcohol. Algunos autores sostienen que la relación entre desempleo y consumo de alcohol se circunscribe al desempleo de larga duración (por ejemplo, Kahn, Murray y Barnes, 2002). También se han descrito asociaciones entre la duración del desempleo y el consumo de sustancias ilegales (por ejemplo, Peck y Plant 1986).

  

El incremento dramático del desempleo durante los años de crisis representa, por tanto, un motivo de preocupación no sólo por sus repercusiones económicas para los hogares, sino también desde el punto de vista de la salud pública. La pérdida de empleo supone habitualmente una merma económica para los hogares, que incrementa los riesgos de pobreza. Pero más allá de los efectos económicos, el desempleo golpea a los hogares de muchas otras formas, creando situaciones de malestar y estrés, así como de deterioro de las relaciones sociales. Las adicciones pueden convertirse en una expresión más del malestar en situaciones de adversidad.

  

¿Qué ha ocurrido en España en los últimos años por lo que se refiere a las adicciones? Es pronto para extraer muchas conclusiones.  Pero gracias a la Encuesta de Presupuestos Familiares del Instituto Nacional de Estadística sabemos que el gasto medio anual de los hogares en bebidas alcohólicas, tabaco y narcóticos entre 2007 y 2010 se ha incrementado en 25 euros, de 589 a 629 euros (valores no ajustados). Se trata de un aumento pequeño, algo sorprendente si se tiene en cuenta la intensidad de la crisis y las predicciones de la literatura.

  

Pero la crisis va por barrios. La distribución de la crisis es desigual, y los efectos sobre el consumo de sustancias adictivas también. Así, en los hogares más desfavorecidos, el crecimiento del gasto ha sido muy sustancial. En los hogares más acomodados, en cambio, ha disminuido el volumen de gasto. En hogares con ingresos mensuales netos inferiores a 500 euros, el gasto medio anual en substancias adictivas ha pasado de 213 a 373 euros (un incremento del 75,5%). En el extremo opuesto, los hogares con ingresos mensuales superiores a 5.000 euros, el gasto medio pasa de 1012 a 917 euros  (es decir, ha disminuido en 95 euros, el 9,4%).  En la tabla puede observarse un gradiente social claro en la evolución del gasto medio en substancias adictivas. Evidentemente, en el incremento del gasto que tiene lugar en el grupo de ingreso más bajo hay que incluir el aumento de las tasas fiscales al tabaco y el alcohol, pero las nuevas políticas se aplican por igual a los consumos de los grupos de mayor renta, y la respuesta es, en este caso, la disminución del gasto.

 

 En 2010, los hogares con rentas más bajas se gastan el 2,77% de su renta en tabaco, alcohol y narcóticos (gastaban el 1,77% en 2007). Los grupos de rentas más altas se gastan el 1,36% (gastaban el 1,46% en 2007).

  

Frente a estas pautas de comportamiento, es necesario desaconsejar las políticas que persiguen incrementar la recaudación pública a través de impuestos sobre el tabaco y alcohol (como sugirió, de modo bastante irreflexivo, el PSOE  para financiar la sanidad pública), debido a sus posibles efectos distributivos regresivos. Existe cierta evidencia de que, en situaciones de adversidad, las clases bajas no reducen su consumo en respuesta a los aumentos del precio provocados por los impuestos. En estas condiciones, las cargas impositivas sobre tabaco y alcohol pueden afectar muy negativamente a su capacidad económica (ver por ejemplo, Marsh & McKay 1994). 

Comentarios

14.11 | 11:48

Holes... Soc l'Alexandre Coello, professor del Departament d'Humanitats de la UPF. Vaig llegir el teu llibre i em va agradar molt. Voldria contactar amb tu.

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20.09 | 16:44

Me gustaría saber si el Dtor Pedro Gallo Puelles es hijo del Dtor.Don Francisco Gallo Puerto.Gracias

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22.05 | 23:45

Hola soy de argentina descargue el cuaderno de ejercicios excel y me quede en formulas no entiendo la hoja en la que hay un aumento del 20% me podría ayudar?

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10.03 | 20:38

Buenas Tardes
Don Diego, le escribo desde Chile. Me puede dar un mail para poder hacerte unas consultas?

Gracias

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