Blog: El rey va desnudo

Los efectos de la desigualdad, por Pau Marí-Klose

Hace dos días El País nos anunciaba que las rentas empresariales superaban por vez primera a las rentas salariales en España. En 2011, la renta de los asalariados solo se llevó el 46% de la tarta del valor añadido, mientras la porción de las rentas empresariales en el PIB fue por primera vez mayor, un 46,2%. Estas cifras representan la culminación de un cambio histórico. En el arranque de los ochenta, la remuneración conjunta de todos los asalariados equivalía al 53% del PIB español, mientras que el excedente bruto de explotación (que incluye rentas empresariales y de profesionales autónomos) se quedaba en el 41%. Los impuestos a la producción eran el destino del 6% restante.

 

Estas cifras evidencias otra cara del fenómeno de aumento de desigualdad analizado en este blog en diversas ocasiones (especialmente aquí). Pero hoy mi intención no es ocuparme de las causas de este proceso. Tampoco de las consecuencias individuales de experimentar un entorno de adversidad, otro de los temas más recurrentes en este blog (por ejemplo, aquí). Me quiero ocupar de las consecuencias colectivas de vivir en una sociedad con niveles elevados de desigualdad. En un contexto en que la desigualdad ha aumentado, y existen sospechas fundadas de que seguirá aumentando (es el precio que aparentemente debemos pagar para ser competitivos y crear empleo), es buen momento de poner sobre la mesa los efectos de la desigualdad.

 

Hace dos años, los epidemiólogos Richard Wilkinson  y Kate Pickett publicaron un estudio que se ha convertido en un best-seller académico, The Spirit Level,  que amasa un volumen ingente de correlaciones que evidencian una relación estrecha entre la desigualdad económica en una sociedad y toda clase de indicadores de bienestar social. Según los datos que presentan Wilkinson y Pickett las sociedades más desiguales en el mundo desarrollado (Estados Unidos, Gran Bretaña, Portugal) tienden a producir más problemas sociales, desde problemas de salud (adicciones, obesidad, mala salud infantil) y educativos (altas tasas de abandono escolar prematuro) hasta mayores niveles de violencia (homicidio). Son sociedades con niveles más bajos de confianza social y un número más elevado de personas encarceladas. En estas sociedades, los niveles de bienestar (se midan como se midan) suelen ser más bajos que en las sociedades más igualitarias (los países escandinavos). Por si fuera poco, se trata de sociedades que no cuidan su medio ambiente (reciclan menos), e innovan poco (tienen, en términos relativos, menos patentes propias por habitante). Los resultados de Wilkinson y Pickett no evidencian causalidad, ni posiblemente controlen adecuadamente por variables que intervienen en las relaciones que observan. En realidad, sólo muestran que el nivel de desarrollo del país (el GDP) no explica cómo se distribuye el bienestar entre sociedades, y apenas influye sobre las asociación entre desigualdad y los indicadores examinados. Ahora bien, el hecho de que un número tan elevado de correlaciones apunten en la misma dirección invita a analizar que hay detrás de la asociación negativa entre desigualdad y los indicadores de una “buena sociedad”.

 

Los análisis politológicos también demuestran que existe una relación entre la desigualdad económica y el grado de interés en la política, los niveles de participación en actividades de carácter político y, en especial en las elecciones (por ejemplo, este estudio). En sociedades muy desiguales se resiente  la intervención en política de los grupos más desfavorecidos, lo que contribuye a marginar sus intereses. La desigualdad dificulta que cuestiones que preocupan a las clases desfavorecidas ocupen la agenda pública. Ante esta situación, estos grupos pierden interés en la política convencional y pueden terminar desarrollando actitudes fatalistas, convencidos de que es imposible cambiar nada participando en la esfera de la política. La implicación de este hallazgo es que, en situaciones de desigualdad, las clases desfavorecidas conceden a las clases más acomodadas un margen muy amplio para lograr que sus intereses prevalezcan. Es decir, la desigualdad sesga los sistemas políticos democráticos en beneficio de las clases acomodadas, que al promover más activamente sus preferencias, pueden de nuevo, contribuir a reproducir e incluso incrementar los niveles de desigualdad.

 

Por último, los economistas están descubriendo las desventajas que la desigualdad tiene para la eficiencia. La inmensa mayoría de los economistas reconocen que cierta desigualdad es necesaria para el crecimiento económico. Pero algunos están advirtiendo que un nivel excesivo de desigualdad puede condicionar en sentido sub-óptimo la toma de decisiones y distorsionar los mecanismos de asignación eficiente que realiza el mercado. El prestigioso economista de Harvard Lawrence Katz ha argumentado que, por un lado, niveles elevados de desigualdad restan a los grupos más pobres capacidad para invertir de forma óptima en su educación y en la de sus hijos. Es un argumento al que hemos prestado cierta atención en la anterior entrada. El segundo argumento de Katz es que en sociedades muy desiguales, las élites económicas disfrutan de una capacidad excesiva para comprar voluntades y conseguir favores y contratos, utilizando mecanismos que distorsionan las dinámicas de mercado (cortejando a políticos, financiando sus campañas, incurriendo en prácticas oligocopolíticas y eludiendo la acción de los tribunales,  etc). En unos tiempos como los que estamos viviendo,  en que los Estado se han apresurado a socializar las pérdidas de grandes grupos financieros para rescatarlos del colapso al que se veían abocados, la hipótesis de Katz cobra relevancia. La tarea que deben imponerse los economistas que encuentren persuasiva esta hipótesis es demostrar en qué condiciones la ineficiencia económica provocada por una desigualdad elevada excede las ventajas que procuran niveles moderados de desigualdad.

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Comentarios

14.11 | 11:48

Holes... Soc l'Alexandre Coello, professor del Departament d'Humanitats de la UPF. Vaig llegir el teu llibre i em va agradar molt. Voldria contactar amb tu.

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20.09 | 16:44

Me gustaría saber si el Dtor Pedro Gallo Puelles es hijo del Dtor.Don Francisco Gallo Puerto.Gracias

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22.05 | 23:45

Hola soy de argentina descargue el cuaderno de ejercicios excel y me quede en formulas no entiendo la hoja en la que hay un aumento del 20% me podría ayudar?

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10.03 | 20:38

Buenas Tardes
Don Diego, le escribo desde Chile. Me puede dar un mail para poder hacerte unas consultas?

Gracias

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