Blog: El rey va desnudo

Inmigración y vivienda, por Pau Marí-Klose

María Bruquetas, Javier Moreno y yo acabamos de publicar el artículo "Inmigración, crisis económica y Estado de bienestar en España" en la revista Documentación Social. Para abrir el apetito de posibles lectores del artículo, os adjunto unos fragmentos sobre un tema esencial, la relación de los inmigrantes con el mercado de la vivienda:

 

Entre los retos de integración de la población inmigrante a los que se ha enfrentado nuestro país durante los años de expansión económica se encuentra, sin duda, la provisión de viviendas. La llegada masiva de población inmigrante alimentó la demanda, especialmente en el mercado de alquiler, poco dinámico en un sistema con un fuerte predominio de la vivienda en propiedad. A ello hay que añadir el hecho de que, desde su llegada a España, muchos de estos inmigrantes han cambiado varias veces de vivienda y de régimen de tenencia, conformando trayectorias residenciales relativamente complejas comparadas con las de la población autóctona. Según datos dela Encuesta Nacional de Inmigrantes (ENI) realizada en 2007, una cifra bastante elevada de inmigrantes (71%) había cambiado de vivienda desde que llegó a España. Esto convierte a las personas de origen inmigrante en un colectivo especialmente vulnerable en un contexto de escaso desarrollo de políticas de vivienda. La práctica inexistencia de políticas de promoción de viviendas en alquiler ha condicionado las elecciones residenciales realizadas por las familias de origen inmigrante, abocándolas a alquilar viviendas en precarias condiciones de habitabilidad, así como a adoptar decisiones de compra que entrañaban elevados riesgos financieros.

 

La capacidad financiera de la inmensa mayoría de las personas que llegan a España excluye la compra de una vivienda, al menos en una primera etapa del proceso migratorio. Así, la mitad de las personas de origen extranjero han accedido a su primera vivienda a través de un alquiler. La otra mitad se distribuye en un amplio abanico de opciones: algo más del 25% vivieron en situación de cesión gratuita, con familiares o amigos, o en espacios cedidos por la empresa para la que trabajaban; un 11,5% vivía en realquiler, confinados a espacios dentro de viviendas compartidas con el propietario u otros inquilinos; y tan sólo el 4% accedieron a su primera vivienda en régimen de propiedad (fundamentalmente personas con alto poder adquisitivo, procedentes en su mayoría de países desarrollados).

 

Es llamativa la reducción paulatina de la brecha entre inmigrantes y autóctonos en el porcentaje de personas que viven en una vivienda de la que son propietarios. En 2007, la proporción de propietarios alcanzaba el 12,1% entre los inmigrantes que llevaban hasta 4 años en España, 29,4% entre los que llevan entre 5 y 9 años en España, y el 60% entre los que llevan más de 10 años. Estos datos sugieren que un número considerable de personas inmigradas han tenido acceso a fuentes de financiación para sufragar la compra de una vivienda. Significa también que muchos de ellos han tenido que hacer frente al pago de la vivienda en un contexto de encarecimiento de este bien, incurriendo en altos niveles de endeudamiento.

 

Las decisiones de compra de estos nuevos propietarios han venido determinadas tanto por las facilidades insólitas para obtener financiación en un período de expansión económica y del crédito, como por  las expectativas optimistas de revalorización inmobiliaria. Pese al acentuado incremento del precio absoluto de la vivienda experimentado durante estos años, la compra de este bien se antojó, tanto para inmigrantes como para autóctonos, como la opción residencial óptima. Las razones para ello eran poderosas. Según estimaciones que tienen en cuenta el rédito teórico que un arrendatario recibía por la cantidad que tendría que haber destinado al pago de entrada de una vivienda en caso de haberla comprado, así como las desgravaciones fiscales existentes, la compra de una vivienda resultaba (en el período 1999-2007) menos costosa anualmente que el pago del alquiler de una vivienda de similares características, aún sin introducir en el cálculo las expectativas de revalorización (CES 2002, Trilla y Joffre 2009). A estas condiciones favorables a la compra, hay que añadir la práctica universalización del crédito. En un contexto de bonanza laboral y bajos tipos de interés,  las posibilidades de financiar la compra de vivienda a través de crédito hipotecario se expandieron, abriendo vías de acceso a la propiedad a franjas de la población tradicionalmente circunscritas al mercado de alquiler. Gran número de personas inmigrantes (al igual que muchos autóctonos que hasta esa fecha no habían podido permitirse el acceso a una vivienda en propiedad) optaron por convertirse en titulares de hipotecas,  sorteando sin excesivas dificultades los laxos requisitos de acumulación previa de capital (para financiar la entrada una vivienda) y de solvencia económica exigidos por las entidades financieras.

 

Lo que a corto plazo se antojaba como la decisión más razonable, a medio plazo ha abocado a muchos hogares inmigrantes a situaciones de considerable vulnerabilidad residencial, que han agravado otros riesgos de exclusión social. Como hemos señalado anteriormente, el contexto de crisis ha debilitado la capacidad económica de muchas de estas familias, disparando hasta límites difícil de asumir el esfuerzo financiero que deben realizar para conservar su vivienda. De acuerdo con las evidencias obtenidas a partir dela ECV2009, en los hogares de una de cada tres personas nacidas fuera dela UE-25se destina  más del 40% de la renta total del hogar al pago dela hipoteca. Unporcentaje similar reconoce que en el hogar se han producido retrasos en el pago de la hipoteca en el último año. El incremento en la prevalencia de situaciones críticas es muy importante, y no tiene parangón en ningún otro segmento poblacional. Con las encuestas y las muestras disponibles es difícil anticipar las consecuencias que imponen los elevados costes de la vivienda sobre el bienestar material de las familias de origen inmigrante, ni determinar cuántos perderán sus viviendas, pero cabe esperar que en los hogares para los que los gastos financieros de la vivienda representan una carga importante, puedan presentarse con el tiempo otras formas de vulnerabilidad residencial relacionadas con las condiciones de la vivienda, su adecuación a las necesidades de las familias y toda una serie de incertidumbres sobre su futuro residencial.

 

En este sentido, la crisis ha disparado el número de ejecuciones hipotecarias y expulsiones de  viviendas de inquilinos morosos. Las estadísticas sobre sentencias  por falta de pago en arrendamientos urbanos y de las ejecuciones hipotecarias publicadas por el Consejo General del poder Judicial y el Instituto Nacional de Estadística no permiten estimar en qué medida los incrementos notorios de la inestabilidad residencial se están concentrando en los hogares inmigrantes, pero algunos datos de carácter micro apuntan en esa dirección. Enla ECV2009 se preguntaba a los entrevistados sobre expectativas de cambio de vivienda en los seis meses siguientes a la entrevista y las motivaciones que había detrás de estos cambios. El 0,9% de la población (416.000 personas) anticipaban perder su vivienda como resultado de un abandono forzoso. Si ceñimos el análisis a la población extranjera podemos comprobar que el 6,6% de este colectivo (196.000 personas) preveía encontrarse en esta situación en 2009, es decir, el 47% de las personas que anticipaban encontrarse en esta situación. En la mayoría de los casos, el abandono forzoso de la vivienda supone mudarse a otra vivienda más asequible pero que probablemente se encuentre en peores condiciones de habitabilidad, o no satisfaga adecuadamente las necesidades de los residentes. Esto significa que, junto a los inconvenientes, costes y problemas que genera el proceso de expulsión y traslado a una nueva vivienda, muchas de las personas abocadas a esta situación experimentan un empeoramiento de sus condiciones residenciales, que en casos extremos, puede empujarlas a la infravivienda o el “sin-hogarismo”. Evidencias como éstas acreditan el fuerte impacto que la crisis esta teniendo en el colectivo inmigrante. Los efectos laborales y residenciales de la crisis están erosionando las principales bases de integración social de un modelo que, aún presentando déficits importantes en la provisión pública de bienestar, había garantizado a las personas extranjeras empleo y había alumbrado expectativas de mejora residencial y acumulación patrimonial.

 

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Comentarios

14.11 | 11:48

Holes... Soc l'Alexandre Coello, professor del Departament d'Humanitats de la UPF. Vaig llegir el teu llibre i em va agradar molt. Voldria contactar amb tu.

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20.09 | 16:44

Me gustaría saber si el Dtor Pedro Gallo Puelles es hijo del Dtor.Don Francisco Gallo Puerto.Gracias

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22.05 | 23:45

Hola soy de argentina descargue el cuaderno de ejercicios excel y me quede en formulas no entiendo la hoja en la que hay un aumento del 20% me podría ayudar?

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10.03 | 20:38

Buenas Tardes
Don Diego, le escribo desde Chile. Me puede dar un mail para poder hacerte unas consultas?

Gracias

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