Blog: El rey va desnudo

A vueltas con la pobreza infantil, Pau y Marga Marí-Klos...

Acabamos de publicar para UNICEF un trabajo que analiza la situación de la pobreza infantil en Cataluña. Este es el link: http://www.unicef.es/sites/www.unicef.es/files/DOCS-CRISI_I_POBRESA_INFANTIL.pdf

También hemos terminado un trabajo para la revista Panorama Social, que verá la luz en junio. Adjuntamos un pequeño extracto, en el que se describen tres lógicas discursivas para justificar las inversiones en infancia:

 

Tres son las lógicas argumentales más habituales para justificar la atención específica a la pobreza infantil.

 

a) La lógica de la justicia y la equidad

Bajo este paraguas se amparan diversos discursos. Un primero pone el acento en los derechos de la infancia. En la Convención de Derechos de la Infancia (1989), en su artículo 27, los Estados Partes reconocen el derecho de todo niño a un nivel de bienestar  adecuado para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral y social; y se obligan a ayudar a los padres u otras personas adultas responsables del niño a asegurar ese derecho. Sumarse a esta convención supone un reconocimiento implícito de que existe un interés social en asegurar el bienestar infantil que traspasa el interés privado de padres o familiares.

 

Desde una segunda perspectiva inscrita en esta lógica, se ha insistido en que los niños no son responsables de las situaciones socio-económicas en que les ha tocado vivir. Las situaciones de desempleo de sus progenitores o tutores, las condiciones de pobreza del hogar en que viven, no dependen (o en todo caso, lo hacen en un grado mínimo) de sus comportamientos y actuaciones personales. Haber nacido y crecer en un hogar expuesto a más riesgo social es producto del azar. A ello hay que añadir que los niños y niñas (a diferencia de otros colectivos formados por personas adultas) tienen poca capacidad para movilizarse, no pueden votar por las opciones políticas más receptivas a sus necesidades, y suelen disponer de pocas plataformas que velen directamente por sus intereses (sindicatos, asociaciones, lobbies).

 

Un tercer discurso pone el acento en el principio de equidad. Las experiencias que se viven en la infancia tienen implicaciones decisivas sobre el resto del ciclo vital. El destino de los individuos viene determinado en gran medida por vicisitudes que se experimentan en los primeros años de vida. Situaciones de vulnerabilidad en la infancia afectan negativamente aspectos determinantes para el desarrollo equilibrado de la personalidad y el progreso educativo. Desde etapas muy tempranas, el cuerpo de las personas registra experiencias sociales. Vivir en un hogar con bajos niveles de renta, en una vivienda en malas condiciones o estar expuesto a una nutrición inadecuada durante la infancia, influye sobre el estado de salud de las personas mucho tiempo después de que estas condiciones se originasen, de manera especial si tuvieron lugar durante etapas prolongadas. También influye sobre el desarrollo de aptitudes cognitivas, los resultados educativos o la proclividad a comportamientos asociales. Un volumen importante de investigaciones ponen de relieve que la posición social en la edad adulta y la exposición a diversas formas de infortunio social (desempleo, mala salud, divorcio, incluso encarcelación) están relacionadas con situaciones de adversidad experimentadas durante la infancia (Griggs y Walker, 2008).

 

 b) La lógica de la cohesión social

La segunda línea argumental pone el acento en las consecuencias sociales de la pobreza infantil. La pobreza infantil interviene en la reproducción social de desigualdades sociales. Desde este punto de vista, intervenir en las primeras etapas del ciclo vital, antes de que las principales consecuencias de la pobreza cristalicen,  es una estrategia efectiva para corregir la desigualdad social y las posibles consecuencias sociales que acarrea (deterioro de la confianza social, conflicto, violencia). El objetivo es prevenir fracturas sociales en su origen, redistribuyendo recursos en el momento en que esta redistribución resulta más rentable (e introduce menos desincentivos y distorsiones económicas).

 

Esta clase de argumentación ha sido esgrimida a menudo en favor de programas de gasto social preventivo. La lucha contra la pobreza infantil es presentada como una estrategia para reducir las distintas manifestaciones de desorganización y desviación social. Así justificaba, por ejemplo, Gordon Brown (2000, citado en Bennett 2006) nuevas medidas de lucha contra la pobreza infantil: “tackling child poverty is the best anti-drugs, anti-crime, anti-deprivation policy for our country”. En dirección parecida, la erupción episódica en los últimos años de disturbios urbanos protagonizados por jóvenes (por ejemplo, en las banlieues francesas en 2005 o en las calles de grandes ciudades británicas en 2011) ha alimentado discursos sobre la necesidad de combatir la pobreza infantil y juvenil en entornos desfavorecidos para evitar que la marginalización social, y las expresiones de antagonismo social y étnico que pueda generar, lleguen a desembocar en formas descontroladas de violencia.

 

c) La lógica de la eficiencia y la competitividad

Una tercera línea argumental enfatiza los costes económicos de la pobreza infantil, tanto para el erario público como para las economías. Se trata normalmente de un coste diferido. Los discursos sobre la eficiencia se apoyan en evidencias que demuestran que los individuos que atravesaron situaciones de pobreza en la infancia tienen un riesgo más alto de abandonar los estudios prematuramente (y, por tanto, acumulan, menor capital humano), tienden a experimentar mayores dificultades de inserción laboral y menor movilidad laboral ascendente, sufren peor salud a lo largo de sus vidas y tienen una probabilidad más alta de verse envueltos en problemas con la policía y el sistema penal. Desde este punto de vista, la agregación de estas situaciones individuales produce efectos económicos indeseables a nivel macro.

 

Las altas tasas de abandono escolar prematuro entre niños de entornos desfavorecidos refleja una capitalización social sub-óptima de su talento “natural”, puesto que en condiciones más favorables habrían obtenido mejor logro educativo (en el extremo opuesto, los hijos de las clases acomodadas peor dotados para los estudios se benefician de inversiones familiares desproporcionadas para su talento, y por tanto asignadas de forma ineficiente, para asegurar la reproducción social a través del éxito educativo). Una fuerza de trabajo con escasa preparación y aspiraciones educativas limitadas perjudica la productividad de un país, su capacidad de competir en la economía del conocimiento, y por tanto, a recorta los horizontes de crecimiento económico a largo plazo. Además, las dificultades de inserción laboral de los jóvenes con capital humano escaso acarrean costes importantes al erario público, que se acumulan a lo largo de la vida, debido a los mayores riesgos que tienen de sufrir desempleo a lo largo de sus carreras laborales, la mayor probabilidad de que experimenten problemas sociales ligados a su situación laboral adversa (precariedad residencial, salud mental, adicciones, etc) y de que tengan que recurrir a servicios públicos. A todo ello hay que añadir los ingresos que dejan de producirse en al erario público como consecuencia del escaso valor de las contribuciones fiscales que realizan las personas con trayectorias educativas más cortas.

 

Una segunda fuente de cargas fiscales derivadas de la pobreza infantil son las sanitarias. El impacto negativo de la pobreza sobre la salud infantil (en forma de mayor incidencia de bajo peso al nacer, mayor frecuencia de afecciones crónicas o tasas de accidentalidad más altas) repercute de manera importante sobre el gasto sanitario, tanto a corto, como a más largo plazo. Los principales efectos de patologías que se adquieren en la infancia  y se arrastran a través del tiempo (como la obesidad), suelen presentarse en la vida adulta, y representan por lo tanto, horas perdidas de trabajo y subsidios por enfermedad, asistencia sanitaria, etc.

 

En tercer lugar, se han reseñado los costes de la pobreza infantil ligados a conductas asociales y criminales. Existe abundante evidencia que asocia experiencias de adversidad económica con la aparición de problemas de comportamiento, vandalismo y conductas delictivas (Brooks-Gunn y Duncan 1997). Los costes financieros asociados a la gestión de estos problemas pueden ser enormes, tanto por lo que se refiere a servicios sociales específicos que intervienen en estos procesos como los relacionados con los sistemas de control policial y penal.

 

Holzer et al. (2007) han estimado que, en Estados Unidos, el coste total de la pobreza infantil equivale al 4% del Producto Interior Bruto anual, del que habría que desglosar un 1,3% provocado por la disminución de la productividad y el valor añadido, un 1,3% que se puede atribuir a los incrementos de actividad delictiva, y un 1,2% relacionado con el aumento del gasto sanitario y el empeoramiento general de la salud de la población. Desde el punto de vista económico, los autores llegan a la conclusión que las inversiones en la lucha contra la pobreza resultan fiscalmente rentables, al producir retornos económicos en forma de incrementos del crecimiento económico, reducción de gastos sanitarios y de seguridad ciudadana,  amén de mejoras sensibles en la calidad de vida. En un trabajo reciente (2010), Holzer afirma que la estimación realizada en 2007 se queda corta en el contexto actual de crisis.

 

 

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Comentarios

14.11 | 11:48

Holes... Soc l'Alexandre Coello, professor del Departament d'Humanitats de la UPF. Vaig llegir el teu llibre i em va agradar molt. Voldria contactar amb tu.

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20.09 | 16:44

Me gustaría saber si el Dtor Pedro Gallo Puelles es hijo del Dtor.Don Francisco Gallo Puerto.Gracias

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22.05 | 23:45

Hola soy de argentina descargue el cuaderno de ejercicios excel y me quede en formulas no entiendo la hoja en la que hay un aumento del 20% me podría ayudar?

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10.03 | 20:38

Buenas Tardes
Don Diego, le escribo desde Chile. Me puede dar un mail para poder hacerte unas consultas?

Gracias

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