Blog: El rey va desnudo

The Richer Sex, Pau Marí-Klose

Time Magazine dedica la portada y un artículo de su último número al libro de la periodista Lisa Mundy The Richer Sex (aquí puede escucharse una entrevista con ella en National Public Radio). En el libro se constata que el 38% de las mujeres casadas en Estados Unidos ganan más que su pareja, y pronostica que en unos cuantos años estas cifra superará el 50%. Las mujeres obtienen la mayoría de títulos universitarios (también en España), copan la mayoría de nuevos empleos profesionales, y están encaramándose crecientemente a puestos de dirección (evidencia aquí).

 

Lisa Mundy se apoya en un gran volumen de literatura sociológica que acredita considerables avances en la igualdad de género (uno de los trabajos más interesantes que discute estas tendencia es The Declining Significance of Gender?) Esas tendencias han sido propiciadas no sólo por transformaciones cultuales que alimentan las nuevas aspiraciones a las mujeres a proseguir sus estudios y desarrollar carreras profesionales, sino también por el declive de sectores industriales que absorbían buena parte de la mano de obra masculina menos cualificada. El modelo breadwinner (“ganador de pan”) que había asegurado el sustento familiar durante la segunda mitad del siglo XX ha entrado en crisis en todo el mundo occidental. En los nuevos escenarios de economía postindustrial, el bienestar material de las familias depende de la existencia de al menos dos fuentes de ingreso. En los países desarrollados, el sector servicios genera la mayor parte de empleos, y en estos nuevos entornos, han desparecido buena parte de la ventajas competitivas de las que habían gozado tradicionalmente los varones. Los Estados se han comprometido de manera creciente a combatir la discriminación y el acoso en el trabajo, y a proporcionar servicios que facilitan la conciliación de la vida laboral y familiar Donde el Estado no ha proporcionado esos servicios, han aparecido oportunidades para contratarlos en el “mercado” a precios relativamente asequibles para muchas familias (muchas veces a través de la explotación de mano de obra inmigrante femenina).

 

No cabe duda que persisten obstáculos que entorpecen el proceso hacia la igualdad entre hombres y mujeres. El hecho de que en 30 años, la proporción de mujeres que se han convertido en sustentadoras principales del hogar en Estados Unidos haya pasado del 27 al 38% no significa que pueda presuponerse que, a este ritmo, en los próximos 30 años vaya a alcanzarse la equidad. Hay muchas razones para pensar que las tendencias hacia la igualación se ralentizarán. Tampoco puede descartarse que en algún momento pueda producirse una regresión. Entres esos obstáculos hacia la igualdad, uno de los más importantes es probablemente la resistencia de muchos varones al cambio. El espectacular cambio que se ha producido en el mercado laboral no ha venido acompañado de un cambio de magnitud similar dentro del hogar.  Mientras persista esa asimetría, es muy probable que las mujeres sigan experimentando riesgos de “penalización” en el mercado de trabajo, derivados de la menor dedicación al trabajo provocado por su mayor dedicación a la vida doméstica (ya sea esta dedicación menor real, o simplemente un prejuicio alimentado por generalizaciones estadísticas del empleador).

 

En España, según estimaciones que realizamos Marga Marí-Klose y yo en un trabajo que presentamos en el Congreso de la FES de 2010, con datos de la ECV 2006, el 31% de la mujeres que viven en pareja eran o bien proveedoras principales del hogar (8%) o bien proveedoras igualitarias (aportaban entre el 40 y 60% de los ingresos). Es probable que estas cifras hayan aumentado en los últimos años, como consecuencia de los efectos de la crisis, que ha golpeado de manera mucho más intensa al desempleo masculino que al femenino.

 

Es muy probable que el proceso hacia la igualación en España se acelere en los próximos años. Dentro de las nuevas cohortes, hay más mujeres que varones con título universitarios (aproximadamente el 60% de los “graduados” son graduadas), y en cambio hay bastantes más varones que abandonan sus estudios de forma prematura (cerca de 10 puntos porcentuales de diferencia). La mayoría de mujeres jóvenes que viven en pareja muestran una voluntad decidida de seguir trabajando y desarrollar una carrera profesional. Esa voluntad las empuja a anteponer el trabajo a su vida familiar, ya sea posponiendo decisiones de nupcialidad o fecundidad o mostrando pocas reticencias a externalizar labores domésticas y de cuidado cuando entran en conflicto con sus aspiraciones profesionales. Si se consolidan esas tendencias, irán apareciendo con mayor frecuencia las sustentadoras principales.

 

Otro proceso que empuja en pos de la igualdad es la creciente participación de los varones en tareas domésticas y de cuidado. Si bien no hay duda que las mujeres siguen asumiendo mayoritariamente buena parte de la carga doméstica, en un número creciente de hogares jóvenes la organización de responsabilidades es cuasi equitativa. Las raíces de este proceso de igualación son difíciles de rastrear. El primer síntoma de que se avecinan cambios lo encontramos en la evolución reciente de la actitud de los varones hacia la distribución de roles de género en la familia. Mientras en 1990 el 42% de los varones se decantaba por un modelo simétrico de distribución de roles de género, en 2004 el porcentaje ya ascendía al 66%. En los últimos años se ha consolidado esta tendencia. En apenas dos décadas, el modelo equitativo se ha impuesto claramente sobre el modelo tradicional.

 

Como se advierte en la tabla adjunta, basada en datos de la ESS2004, entre las generaciones más jóvenes, en el 30% de hogares  el varón realiza entre ¼ parte y la mitad de las tareas, cifras que nos sitúan al mismo nivel que los países de Centro-Europa (y nos alejan de las pautas que se observan en los países mediterráneos). La familia en que el varón no hace nada es ya minoritaria. Según un estudio que realizamos para la Fundación SM, sólo en el 20% de los hogares encabezados por parejas menores de 40 años el varón dedica a las actividades domésticas menos de una quinta parte del tiempo que su pareja.

 

El afianzamiento de estas tendencias hacia la corresponsabilización en el ámbito doméstico es el principal motor de cambio en el mercado de trabajo. Como sugiere en el País ayer la economista María Pazos  propiciar estos cambios es también una responsabilidad de las políticas públicas: “ha llegado la hora de la igualdad. Los derechos para el cuidado deben extenderse a todas las personas trabajadoras; y para ello esos derechos tienen que cambiar. Los hombres nunca se han acogido extensivamente a excedencias ni a reducciones de jornadas por cuidados; y cada vez menos mujeres están dispuestas a hacerlo (…). Eso es posible con permisos de paternidad y maternidad iguales, intransferibles y pagados al 100%; reducción y racionalización de los horarios a tiempo completo; y universalización del derecho a plaza en la educación infantil pública desde la finalización de los permisos.”

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Comentarios

14.11 | 11:48

Holes... Soc l'Alexandre Coello, professor del Departament d'Humanitats de la UPF. Vaig llegir el teu llibre i em va agradar molt. Voldria contactar amb tu.

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20.09 | 16:44

Me gustaría saber si el Dtor Pedro Gallo Puelles es hijo del Dtor.Don Francisco Gallo Puerto.Gracias

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22.05 | 23:45

Hola soy de argentina descargue el cuaderno de ejercicios excel y me quede en formulas no entiendo la hoja en la que hay un aumento del 20% me podría ayudar?

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10.03 | 20:38

Buenas Tardes
Don Diego, le escribo desde Chile. Me puede dar un mail para poder hacerte unas consultas?

Gracias

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