24. abr., 2012

El arado y la igualdad de género, Pau Marí-Klose

Hoy he asistido a un seminario interesantísimo en el CEMFI de Madrid, que no me resisto a comentar. El paper presentado, de Alberto Alesina (Harvard) y Paola Giuliano (UCLA) puede consultarse aquí. La hipótesis principal es que las sociedades que han utilizado históricamente el arado en las actividades agrícolas producen relaciones de género menos igualitarias. Las actividades ligadas al uso del arado generan una especialización sexual del trabajo, asociada a la mayor capacidad física de los varones para trabajar con el arado o el animal que estira de él, lo que termina reflejándose en una constelación de normas que presciben las formas asimétricas de ser hombre y mujer en la sociedad. Este acervo "cultural" se transmite intergeneracionalmente y tiene efectos significativos mucho tiempo después de que el arado haya perdido relevancia económica.

 

Alesina y Giuliano construyen una base de datos mundial a partir de fuentes etnológicas y encuestas internacionales contemporáneas (World Value Survey, European Social Survey) que les permite estimar la correlación entre el uso histórico del arado y indicadores contemporáneos de igualdad de género (participación de las mujeres en el mercado laboral, representación femenina en el parlamento, actitudes hacia el trabajo femenino, etc.). La correlación sale negativa (y de una magnitud considerable), y resiste toda clase de controles y especificaciones alternativas del modelo. En un ejercicio interesantísimo para acreditar la solidez de su análisis, estudian en que medida los inmigrantes de segunda generación mantienen actitudes y prácticas consecuentes con su procedencia (es decir son más igualitarios si proceden de una sociedad que históricamente no utilizaba el arado). El resultado es consistente con el análisis comparativo internacional. Los grupos que proceden de sociedades que no utilizaron el arado muestran actualmente prácticas y orientaciones más igualitarias.

 

El trabajo de Alesina y Giuliano es un magnifico ejemplo de las enormes posibilidades que se abren cuando la  investigación  se mueve en espacios intersticiales entre varias disciplinas: en este caso, la antropología, la sociología y la economía. En mi opinión, trabajos de este tipo deberían ser obligatorios en un curso introductorio de doctorado en ciencias sociales para motivar la búsqueda de conocimiento en los lugares poco transitados pero más propicios a la creatividad en la investigación social.