Blog: El rey va desnudo

El rastro económico de la desigualdad, Pau Marí-Klose

Hoy quisiera comenzar agradeciendo el apoyo que estamos recibiendo en esta página. Llevamos poco más de cuatro meses de funcionamiento y hemos llegado a un nivel de visitas diarias francamente inesperado. En los primeros dos meses no pasabamos de diez visitas diarias. Súbitamente en abril, incrementamos el número de visitas a algo más de 100 diarias, y creímos que habíamos alcanzado el techo. Hace dos días se produjo un hecho sorprendente. Tuvimos cerca de 1.000 visitas. No sabemos a qué atribuirlo, y nos pica la curiosidad. Supongo que algún medio (blog, página web, etc) con mucha mayor proyección que nosotros se ha hecho eco de algo que hemos publicado. Si habéis llegado a nuestro link así, os agradeceríamos que nos lo pudierais contar (en el apartado de comentarios, o simplemente escribiéndome un e-mail a pau@uchicago.edu).

 

La entrada de hoy entronca con varias anteriores que han planteado las implicaciones de la desigualdad. Acaban de salir dos artículos en el New York Times que abordan cuestiones que nos han interesado mucho en este blog. En el primero se glosa la figura de Edward Conard, multimillonario y uno de los principales donantes a  la campaña de Mitt Romney. Conard ofrece, con gran contundencia, argumentos a favor de la desigualdad económica como mecanismo que promueve la emprendeduría y la innovación, y de esta manera el crecimiento económico. A su juicio, ese crecimiento económico propiciado por los emprendedores revierte sobre la sociedad, que se beneficia de su formación, su creatividad y los sacrificios personales que implica entregarse al mundo empresarial. Ello justifica que deban ser incentivados con rentas muy elevadas, y por tanto, legitima la brecha que se abre entre éstos emprendedores y el resto de la sociedad:  “A small number of innovators and investors may have earned disproportionate billions as the I.T. industry grew, but they got that money by competing to constantly improve their products and simultaneously lower prices. Their work has helped everyone get a lot more value. Cheap, improved computing helps us do our jobs more effectively and, often, earn more money. Countless other industries (travel, telecom, entertainment) use that computing power to lower their prices and enhance their products. This generally makes life more efficient and helps the economy grow”.

 

Conard piensa que la desigualdad es la mejor forma de conseguir incentivar a personas talentosas a elegir carreras profesionales que producen retornos económicos que nos benefician a todos, en lugar de desperdiciar sus capacidades en actividades profesionales menores, que satisfacen únicamente aspiraciones individuales a la auto-realización: "Society benefits if the successful risk takers get a lot of money. For proof, he looks to the market. At a nearby table we saw three young people with plaid shirts and floppy hair. For all we know, they may have been plotting the next generation’s Twitter, but Conard felt sure they were merely lounging on the sidelines. “What are they doing, sitting here, having a coffee at 2:30?” he asked. “I’m sure those guys are college-educated.” Conard, who occasionally flashed a mean streak during our talks, started calling the group “art-history majors,” his derisive term for pretty much anyone who was lucky enough to be born with the talent and opportunity to join the risk-taking, innovation-hunting mechanism but who chose instead a less competitive life. In Conard’s mind, this includes, surprisingly, people like lawyers, who opt for stable professions that don’t maximize their wealth-creating potential. He said the only way to persuade these “art-history majors” to join the fiercely competitive economic mechanism is to tempt them with extraordinary payoffs”.

 

La lectura de este tipo de argumentos evoca enseguida las tesis clásicas de Daniel Bell en The Cultural Contradictions of Capitalism. Conard encuentra en la desigualdad un mecanismo muy útil para resolver las contradicciones entre una ética del trabajo y la responsabilidad que se encuentra en el origen del capitalismo y promueve el crecimiento económico (vease las tesis de Weber) y el afianzamiento de nuevas tendencias culturales a la auto-gratificación, incompatibles con las lógicas anteriores (véase, en esta línea, este artículo). También es evidente que ignora las consecuencias más indeseables de la desigualdad, que pueden inhibir el crecimiento económico. Conard vincula desigualdad a incentivos a la innovación, pero descuida las oportunidades que surgen para que las personas más adineradas y poderosas utilicen  las posiciones de privilegio que han alcanzado para manipular los procesos políticos en su beneficio, y distorsionar los mecanismos de asignación del mercado (influyendo sobre procesos de regulación por medios poco lícitos, como información privilegiada, enchufes, financiación polítca o directamente sobornos). La desigualdad también puede permitir a los grupos más adinerados bloquear la innovación si esta amenaza sus posiciones, desincentivando así la actividad de posibles “innovadores” que carecen de conexiones y recursos.

 

El segundo artículo, de Paul Krugman, apunta en una dirección diferente. Según Krugman, las desigualdades producen polarización y crispación política, lo que inhibe la adopción de las políticas públicas idóneas con el mínimo pero necesario consenso político y científico. Desde este punto de vista, la desigualdad conduce a la ineficiencia económica , como sugieren también otros economistas. La novedad es el mecanismo que propone Krugman: el efecto de la desigualdad sobre la polarización política, y el de ésta sobre la calidad de la gestión gubernamental de la economía. La polarización política fomenta la “confusión intelectual”. Esta confusión la producen visiones y diagnósticos interesados de la realidad económica (finanaciados por los grupos privilegiados a través de creadores de opinión pública,  think tanks e instancias académicas dispuestas a dejarse sobornar). Su principal efecto es impidir la generación de consensos amplios sobre las acciones gubernamentales a adoptar, y condenar así a una parálisis improductiva.

 

¿Tiene razón Krugman? Es difícil saberlo. Su interpretación parece plausible para explicar lo que sucede en Estados Unidos, pero obviamente lo suyo no es un artículo científico, y la evidencia que aporta no permite darle la razón sin más. Como hemos discutido aquí, la desigualdad incrementa las tensiones sociales y éstas pueden desviar a los gobiernos de propósitos de reforma económica. Pero eso no significa necesariamente que los partidos políticos vehiculen los intereses contrapuestos y se polaricen. Es perfectamente posible que los partidos de izquierda no logren o quieran representar las sensibilidades agraviadas y grupos amplios de la población lleguen a la conclusión que los partidos “no los representan” (os suena ¿no?). Tampoco es obvio que los partidos de derecha puedan permitirse representar exclusivamente a los grupos más privilegiados (como Krugman sugiere que hace el partido Republicano) y de este modo, aspirar a  ganar elecciones. Es dudoso que la polarización política conduzca necesariamente a la parálisis política. Quizás pueda suceder todo lo contrario si el gobierno cuenta con la determinación y el apoyo suficiente para llevar a cabo sus preferencias políticas contra los intereses de la oposición. La idea de que un consenso social o académico amplio es necesario para adoptar políticas no es nada obvia. Es posible legislar contra los intereses de buena parte de la población y sobrevivir políticamente (como demostró Thatcher, o más cerca de nosotros, Esperanza Aguirre), y contra las recomendaciones académicas mayoritarias (como acaba de demostrar Cristina Kirchner con la expropiación de YPF, o como hace el gobierno del PP restituyendo la desgravación por vivienda en el IRPF).

 

La conexión entre desigualdad, calidad del gobierno y crecimiento económico plantea cuestiones empíricas que se han analizado limitadamente. Creo que merecen mucha mayor atención que la que reciben. Volviendo al primer párrafo,  quiero aprovechar la audiencia tan numerosa que aparentemente tenemos en los últimos días parra animar a los estudiantes de sociología y economía que nos seguís (que me consta que existen) a analizar estos temas. Si queréis hacerlo con nosotros (en los programas de máster o doctorado en que participamos) no dudéis en entrar en contacto. Estaremos encantados en apoyaros en este tipo de investigación.

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Comentarios

14.11 | 11:48

Holes... Soc l'Alexandre Coello, professor del Departament d'Humanitats de la UPF. Vaig llegir el teu llibre i em va agradar molt. Voldria contactar amb tu.

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20.09 | 16:44

Me gustaría saber si el Dtor Pedro Gallo Puelles es hijo del Dtor.Don Francisco Gallo Puerto.Gracias

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22.05 | 23:45

Hola soy de argentina descargue el cuaderno de ejercicios excel y me quede en formulas no entiendo la hoja en la que hay un aumento del 20% me podría ayudar?

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10.03 | 20:38

Buenas Tardes
Don Diego, le escribo desde Chile. Me puede dar un mail para poder hacerte unas consultas?

Gracias

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