Blog: El rey va desnudo

Biología y sociedad, por Pau Marí-Klose

A muchos sociólogos les asusta cualquier referencia a la biología para explicar itinerarios y oportunidades vitales. Todavía humean las cenizas de la desafortunada polémica en torno a libro The Bell Curve (1994), del psicólogo Richard J. Hernstein y el científico Charles Murray. En este best-seller académico, los autores sostenían que la inteligencia de los individuos es un factor determinante de sus ingresos, la productividad en el trabajo, el riesgo de tener un embarazo prematuro o su proclividad a incurrir en acciones criminales, e insinuaban que ese factor explicaba en parte las desventajas sociales de la población afro-americana en Estados Unidos. Desde su punto de vista, la inteligencia era un factor de carácter fundamentalmente innato. Sus resultados evidenciaban que la inteligencia tiene un poder explicativo mucho mayor que los factores socio-económicos para explicar las trayectorias de éxito y fracaso de los individuos.

 

Los sociólogos no tardamos en echarnos a la yugular de los autores, y con mucha razón. El trabajo de Hernstein y Murray presentaba diversas debilidades metodológicas y estadísticas, que contribuían a exagerar la influencia de la variable inteligencia. Estimaciones alternativas evidenciaban que los factores socio-económicos tenían una influencia mucho mayor que la que reconocían los autores de The Bell Curve.  Esta influencia es directa, pero también indirecta. Se evidenció que el indicador de inteligencia que utilizaban Hersnstein y Murray tenía una naturaleza menos innata de lo que postulaban, y reflejaba de manera muy destacada las circunstancias sociales en que viven los individuos, especialmente a lo largo de los primeros años de vida.

 

En los últimos años, un gran número de trabajos han demostrado que el cuerpo humano registra experiencias sociales, que pueden condicionar las trayectorias individuales al producir hándicaps fisiológicos que se arrastran a lo largo del ciclo vital. Lo hace de una manera muy intensa en las primeras etapas de la vida. Las experiencias vividas en los primeros años de vida son fundamentales para el desarrollo posterior de la persona debido a la maleabilidad durante esos años de las estructuras biológicas. Los estímulos sensoriales, cognitivos y emocionales que recibe un niño en su más tierna infancia condicionan el desarrollo celular, la estructura de sus órganos, las pautas de secreción hormonal y la sensibilidad de los tejidos a esas hormonas. Ritmos lentos de crecimiento físico afectan a las funciones cardiovasculares, respiratorias, pancreáticas y renales, lo que incrementa el riesgo de enfermedad en la vida adulta. Infecciones adquiridas durante la infancia acompañan a los individuos a lo largo de su vida, incrementando el riesgo de que desarrollen enfermedades en etapas más avanzadas del ciclo vital. Un entorno en el que el niño está expuesto a pocos estímulos cognitivos o déficits de afecto, o le transmita angustia e inseguridad, puede afectar negativamente a sus capacidades educativas, provocar problemas de conducta y favorecer procesos de marginalización en la transición a la vida adulta. Todas estas experiencias adversas son más comunes en clases sociales más desfavorecidas.

 

Un estudio reciente, que hace un seguimiento de niños rumanos que vivieron en un orfanato antes de los 30 meses, demuestra que la duración de estas estancias está relacionada con el tamaño de los telomeros, regiones de los cromosomas que registran el paso del tiempo (se reducen con la edad). Los niños que pasaron más tiempo en estos orfanatos presentan telomeros más cortos en etapas avanzadas de la infancia, lo que indica procesos de envejecimiento más acelerados, provocados presumiblemente por las condiciones de adversidad y neglegencia vividas en el orfanato. Las personas que tienen telomeros más cortos en la vida adulta tienen un riesgo más alto de padecer enfermedades cardiovaculares, diabetes, mala salud mental o declive cognitivo prematuro.  

http://tulane.edu/news/newwave/060211_neglect.cfm?RenderForPrint=1

 

Es más,existe abundante investigación que pone de manifiesto que incluso las condiciones en que las madres viven el embarazo pueden tener repercusiones considerables sobre el desarrollo del feto, cuyas consecuencias se arrastran a lo largo del ciclo vital. Estudios sociológicos realizados en Gran Bretaña sobre la geografía de la mortalidad evidencian la existencia de una asociación entre las pautas de mortalidad neonatal y postneonatal observadas en el pasado en una zona geográfica con riesgos de mortalidad por enfermedades cerebrovasculares, isquemia coronaria o bronquitis crónica observados en el presente en esa misma zona ( D. Barker, 1998, Mothers, Babies and Health in Later Life). Una nutrición inadecuada durante el embarazo, el nivel de estrés o ciertos hábitos –-consumo de tabaco o alcohol, o ejercicio físico insuficiente–- afectan la estructura corporal del feto, su fisiología y metabolismo de forma permanente.  Una de las expresiones más habituales de esas adversidades es los problemas de bajo peso del neonato. El bajo peso al nacer incrementa la probabilidad de sufrir problemas de salud en los primeros años de vida y con posterioridad.  Barker estima que los varones con bajo peso al nacer (menos de 2,5 kilogramos) tienen un riesgo 7 veces mayor de tener diabetes a los 64 años.

 

Hoy, en el New York Times, Nicholas Kristoff publica una breve colaboración sobre la influencia determinante de estas experiencias prematuras. El título "A Poverty Solution That Starts With a Hug" ilustra bien a las claras que el afecto es una de las principales herramientas para contrarrestar los efectos tóxicos de situaciones de "estrés prematuro", provocadas habitualmente por situaciones de adversidad social.

http://www.nytimes.com/2012/01/08/opinion/sunday/kristof-a-poverty-solution-that-starts-with-a-hug.html

 

Todos estos trabajos nos proporcionan evidencias de que no sólo es posible reconciliar investigaciones biológicas y sociológicas sobre la trayectoria personal de los individuos, sino que la cooperación entre sociólogos, biólogos, pediátras y otros especialistas en la fisiologia humana, abre perspectivas extraordinarias de conocimiento que no deberían quedar truncadas por prejuicios y recelos interdisciplinarios.

 

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Christian | Respuesta 17.06.2012 13.27

Genial el blog y la entrada, Pau. Añadiría algo a esta entrada tan interesante, pero no me cabe en 160 palabras :)

Álvaro | Respuesta 08.01.2012 22.46

Muy interesante, Pau. En el ISER un equipo de investigadoras etán llevando a cabo un estudio sobre breastfeeding y family outcomes: http://www.iser.essex.ac.uk/projects/breastfeeding

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Comentarios

14.11 | 11:48

Holes... Soc l'Alexandre Coello, professor del Departament d'Humanitats de la UPF. Vaig llegir el teu llibre i em va agradar molt. Voldria contactar amb tu.

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20.09 | 16:44

Me gustaría saber si el Dtor Pedro Gallo Puelles es hijo del Dtor.Don Francisco Gallo Puerto.Gracias

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22.05 | 23:45

Hola soy de argentina descargue el cuaderno de ejercicios excel y me quede en formulas no entiendo la hoja en la que hay un aumento del 20% me podría ayudar?

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10.03 | 20:38

Buenas Tardes
Don Diego, le escribo desde Chile. Me puede dar un mail para poder hacerte unas consultas?

Gracias

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