Blog: El rey va desnudo

Política social para "otros", por Pau Marí-Klose

Uno de los debates más candentes en la literatura sobre opinión pública y Estado de bienestar es calibrar la magnitud del “chovinismo de bienestar” (welfare chauvinism). Se trata de determinar en que medida los ciudadanos de los países que disponen de modernos sistemas de bienestar son partidarios de restringir los derechos sociales a los inmigrantes.  En todos los países en que existen encuestas sobre el tema, los inmigrantes emergen como el colectivo al que el conjunto de la población está menos dispuesto a ayudar a través de la protección pública.

 

Se ha especulado sobre la posibilidad de que el flujo de inmigrantes hacia los países desarrollados en las últimas décadas ponga en peligro el Estado de bienestar, en especial si los inmigrantes son vistos como los grandes beneficiarios de la política social.  Desde este punto de vista, no existe comunidad de intereses ni verdadera solidaridad si no existen "fronteras" que mantengan un grado elevado de homogeneidad cultural. Los individuos albergan sentimientos positivos por otros individuos que necesitan ayuda cuando pueden identificarse con ellos. La solidaridad resulta  difícil (si no imposible) con individuos con los que uno no puede identificarse porque no comparten fundamentos básicos de adscripción: la lengua, la religión o el fenotipo racial. 

 

De acuerdo con estos planteamientos, a medida que las sociedades europeas se hacen más diversas, sus Estados de bienestar están llamados a experimentar las mismas dinámicas de contracción experimentadas por las políticas sociales en Estados Unidos, donde la provisión pública de bienestar ha sido tradicionalmente puesta en entredicho por la dificultad de sostener la solidaridad en una sociedad diversa. 

Una de los ámbitos más expuestos a la erosión de legitimidad son las políticas de bienestar para los desempleados. En primer lugar, estas políticas ya gozan de por sí de respaldo ciudadano limitado si las comparamos con otras políticas de protección social (como las pensiones, salud o apoyo a discapacitados). Entre segmentos amplios de la población, los desempleados son vistos como responsables, al menos parcialmente, de su situación personal (a causa de sus indolencia, su falta de credenciales, unos hábitos inapropiados,…), y por tanto, se considera que probablemente esté en su mano hacer algo más para encontrar trabajo, o al menos intentarlo con determinación. A menudo la condición de desempleado lleva aparejada estereotipos y prejuicios que erosionan su imagen pública y la posibilidad de que se les perciba como “merecedores” legítimos de ayuda pública. Buena parte de la opinión pública en las sociedades desarrolladas entiende que existen otros colectivos que deben ser protegidos en primer lugar (personas mayores, enfermas, discapacitadas, etc.), y existe una corriente de opinión que cree que los desempleados no deberían recibir ningún tipo de protección, especialmente si no acreditan una búsqueda intensa de empleo.

 

En segundo lugar, la legitimidad de las políticas de bienestar para los desempleados es frágil debido al alto riesgo de desempleo de las personas de origen inmigrante. En muchos países, la tasa de desempleo de las personas de origen inmigrante es bastante superior a la de los autóctonos. Así, en 2008, en Suiza era 2,8 veces más alta, en Bélgica 2,5 veces o en Dinamarca 2,4 veces. En España, a la salida de la época de bonanza, curiosamente este ratio era bajo: 1,3.  Es plausible pensar que en los países donde existan altas tasas de desempleo de las personas inmigradas en relación a las autóctonas, y por tanto el problema del desempleo sea percibido como un problema de los “otros”, el apoyo a la protección pública a los desempleados se resienta.

 

Estos temas son objeto de análisis en el paper que estoy escribiendo junto a Xavier Escandell (University of Northern Iowa) y Marga Marí-Klose (Universidad de Barcelona). Específicamente tratamos de explicar por qué las personas que presentan actitudes más negativas hacia los inmigrantes muestran orientaciones muy variables hacia la protección social de los desempleados. En países como España, los “xenófobos” tienden a mostrarse partidarios de la protección social de los desempleados. En países como Suiza, Bélgica o Dinamarca, tienden a rechazarlas. El hecho de que en España el desempleo sea percibido como un problema “de españoles” arrastra a las personas más xenófobas a actitudes favorables a la protección social. Un análisis comparativo de 19 países con modelos estadísticos multinivel sugiere que esta pauta se observa de forma bastante sistemática.

 

La implicación de este resultado matiza las expectativas excesivamente lineales respecto a la relación entre diversidad étnica y desarrollo del Estado de bienestar. En presencia de diversidad étnica considerable, la opinión pública puede seguir apoyando la protección social si percibe que las necesidades que las políticas  atienden no tienen un sesgo étnico específico, y procuran también beneficios a colectivos autóctonos afectados.

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Comentarios

14.11 | 11:48

Holes... Soc l'Alexandre Coello, professor del Departament d'Humanitats de la UPF. Vaig llegir el teu llibre i em va agradar molt. Voldria contactar amb tu.

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20.09 | 16:44

Me gustaría saber si el Dtor Pedro Gallo Puelles es hijo del Dtor.Don Francisco Gallo Puerto.Gracias

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22.05 | 23:45

Hola soy de argentina descargue el cuaderno de ejercicios excel y me quede en formulas no entiendo la hoja en la que hay un aumento del 20% me podría ayudar?

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10.03 | 20:38

Buenas Tardes
Don Diego, le escribo desde Chile. Me puede dar un mail para poder hacerte unas consultas?

Gracias

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